"Lee todo lo que encuentres en tu camino, los letreros de la calle, de las tiendas..." Eso me decía mi abuela cuando estaba aprendiendo a leer y hoy 45 años después sigo haciéndolo.


¿Por qué leer?

La necesidad de leer es un dogma que los chicos tienen en su cabeza. Hay que leer para aprender, para triunfar en los estudios, para informarnos, para saber quienes somos, donde vivimos, adonde vamos, para conocer la memoria del pasado, para no repetir las tonterías de los abuelos, para evadirnos, para buscarle un sentido a la vida, para ganar tiempo, para sacar provecho de experiencias anteriores, para iluminar nuestro presente, para comprender los fundamentos de nuestra civilización, para alimentar nuestra curiosidad, para distraernos, informarnos, cultivarnos, comunicarnos, para ejercer nuestro espíritu crítico.  

¿...y por qué en silencio?

«¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.


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